28 abril 2015

Le faltó poco al Barcelona para ser el mejor equipo del mundo

El Barcelona no pudo cerrar el círculo de su gran año triunfal. Campeón de Liga, campeón de Europa pero no mejor equipo del mundo. 

El honor quedó reservado para un grupo de artistas que mantienen un apasionado idilio en su relación con el balón y que aprovecharon el escaparate de la Copa Intercontinental para exhibir sus habilidades ante los intermediarios que en los próximos meses desmantelarán al Sao Paulo. Raí de Souza Oliveira, hermano del mítico Sócrates, demostró su condición de virtuoso aventajado dentro de una orquesta que no desafinó ni siquiera cuando tuvo que interpretar temas poco comunes en el repertorio brasileño, como la seguridad defensiva y la presión sobre el rival. Hristo Stoichkov, candidato al Balón de Oro, intentó escapar a los efectos mareantes de los sones paulistas cuando en el minuto 12 alzó la mirada, contempló la posición adelantada del portero Zetti y alojó el balón en la red con un certero remate desde fuera del área.

Hasta ese momento, el Barcelona había impuesto su estilo. Los brasileños apenas habían podido coquetear con un balón convertido en propiedad privada de los hombres de Cruyff. La batuta de Guardiola y los toques constantes en el centro del campo a la espera de encontrar una brecha en la retaguardia rival, convirtieron los primeros minutos en una fiesta barcelonista. 

Sin embargo, el Sao Paulo no tardó en conquistar con sus encantos a una pelota que no volvería al redil azulgrana. La elegancia y el buen trato del cuero evidenciado por todos los jugadores del ahora cotizado Tele Santana acabaron por marear incluso a un bloque como el del Barcelona. Muller, un fracasado en el Calcio y un hombre feliz en medio de la samba paulista, comenzó a cambiar el signo del partido cuando a los 28 minutos dejó sin cintura al mejor marcador del fútbol español, Ferrer. El hábil extremo dejó prácticamente sentada a su pareja de baile con un bello recorte en la banda izquierda. 

Esa acción fue seguida por un venenóso centro que sirvió para que Raí comenzara a ganarse el automóvil destinado al jugador más valioso del partido con un extraño remate. Con el equilibrio restablecido en el marcador, el Barcelona todavía pudo aguantar hasta el descanso e incluso tuvo la oportunidad del 2-1 en una acción individual de Beguiristáin. El remate del guipuzcoano fue salvado bajo los palos por Ronaldo Luis. Previamente, Ferrer había hecho lo propio tras una acción de Muller. 

Tras el descanso, la orquesta de Cruyff perdió todos sus instrumentos y la de Santana fue la única que se dejó escuchar. El Sao Paulo combinó su depurada técnica con un impensable rigor defensivo gracias al cual ahogó la iniciativa catalana y los efectos letales del factor Stoichkov. La buena colocación de Andoni Zubizarreta retrasó el desenlace hasta el minuto 80. El portero vasco no pudo evitar que el guante con el que firmó Raí el saque de una falta originara el 2-1 definitivo.

La estrella brasileña tocó en corto hacia Cafú, y éste dejó el balón muerto a los pies del elegante 10, quien con un certero toque alojó el balón en la escuadra. Zubizarreta no pudo ni moverse. El Barcelona, que apenas había llegado a las cercanías de Zetti en toda la segunda parte, ya no tuvo capacidad de reacción. Poco después del descanso, Cruyff había apostado por la rapidez de Goicoechea en detrimento de los constantes balones hacia atrás de Bakero. De nada sirvió el cambio. El Sao Paulo supo taponar todas las vías de penetración y el equipo más ofensivo de Europa dejó sus armas con los cargadores llenos. No pudo utilizar una sola bala.

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