21 enero 2016

Mourinho y su permanente cara de cabreo

Siete Madrid-Barça entre Pep y Mou se saldaron con tres victorias azulgrana, tres empates y un triunfo blanco. 

Pero por debajo de los resultados subyacen una serie de movimientos tácticos, de giros, variaciones y genialidades que engordan la leyenda de un clásico español que se ha convertido en duelo global. 

En el caso de Mourinho, ha ido dando pasos hacia adelante desde una posición de prudencia y mesura a la que le condujo el terremoto del 5-0 encajado en el primer partido, en el que, curiosamente, salió valiente y a pecho descubierto antes de recibir las cinco descargas.

Reculó en los siguientes duelos, pero siempre desde la perspectiva de equilibrar fuerzas y tomar el impulso desde el que hoy quiere saltar a la yugular de su adversario. Ganó la Copa, en Champions sólo dobló la rodilla tras la expulsión de Pepe y en la Supercopa, incluso los barcelonistas admiten que lo pasaron mal frente al Madrid más presionante, valiente y seguro.

En aquel primer duelo de la serie, el equipo blanco parecía lanzado. Llegaba como líder y aunque muchos especularon con la posibilidad de un Madrid atrincherado, el portugués salió a pecho descubierto con un equipo aparentemente ofensivo. Higuaín se lesionó y colocó al entonces dubitativo Benzema en la punta del ataque. Khedira y Alonso quedaban al mando por detrás de Di María, Özil y Cristiano. Es decir, el mismo bloque que muchos ven como inicial para esta noche. Pero el problema fue de mentalidad y actitud. El Barcelona salió con todo, el Madrid se dedicó a mirar, se disparó un tiro en el pie y ni se enteró. Di María se cambió de banda para incordiar a Alves por la izquierda y acabó marcando, mal, al brasileño.

En la vuelta, la Liga estaba perdida, con un Madrid ocho puntos por debajo. Pepe apareció como sorprendente centrocampista para imprimir vigor físico a la pareja Alonso-Khedira. Arriba, Di María, Benzema y Cristiano. Dominó el Barça, el Madrid tuvo problemas en la creación pero salió vivo con un digno empate porque después del 0-1 y la roja a Albiol sacó fuerzas de flaqueza gracias a la entrada de Özil.

La final de Copa fue una lección táctica de Mourinho. Pepe volvió a jugar en el centro del campo junto a Khedira. Alonso quedó por detrás. Trivote nada defensivo porque la línea defensiva adelantó metros, por cierto con Ramos de central, se plantó casi a la altura del centro del campo y asfixió a los tocadores del Barça. Casillas ni apareció en toda la primera parte. Cristiano fue la referencia arriba con Özil y Di María en los costados. En la segunda parte, el Barça recuperó y el Madrid, agotado, dio un paso atrás, pero aguantó y recobró la plenitud física en una intensa prórroga.

En la Champions repitió la operación Pepe, pero marcó la línea de presión unos metros más atrás. Apenas divisó a Valdés, pero aguantó el 0-0 hasta que el árbitro expulsó injustamente a Pepe. Después, Messi mandó callar. En la vuelta, a la desesperada, arriesgó con Kaká y sin trivote. Le llegó para empatar y sufrir al árbitro De Bleeckhere.

La Supercopa marcó la ruta más arriesgada de Mou y la que muchos quieren ver hoy. Equipo en plenitud, pese a ser pretemporada, presionando en campo rival y arrebatando el balón al Barça incluso en el Camp Nou, donde se vio a Valdés sacando en largo por vez primera en años para aliviar la presión. En los dos partidos jugaron Alonso, Khedira, Cristiano, Özil, Di María, y Benzema. Los mismos del 5-0, pero revestidos de autoestima y carácter ganador. Y con Ramos de central.

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